Friday, December 09, 2005

 

La Derecha tradicional en el régimen: Andrés Allamand.

Andrés Allamand Zavala apareció en la arena política como miembro de las juventudes del Partido Nacional que estaban en contra de Allende. Se tituló de abogado en la Universidad de Chile en 1979.
Este joven jugador de rugby, con sólo 34 años se sentía llamado a ser la llave de acceso de la Derecha en el restablecimiento de la Democracia en el Chile de los 80.

Lo estimulaban los poderosos vientos morales que presentía a través de una transición pacífica. Su regreso a la política se produjo en 1983, cuando Sergio Onofre Jarpa, relegado en las embajadas de Colombia y Argentina, fue convocado por Pinochet para hacerse cargo del Ministerio del Interior. El gobierno, sumido en las protestas, se veía amenazado con el resurgimiento de la oposición, y a Jarpa le parecía que sin un respaldo de bases, difícilmente se podría continuar.

Allamand se dedicó a esta tarea, junto al apoyo de Jarpa. Juntó casi 70 mil firmas apoyando un programa de transición. Estampó su rúbrica lo más granado de la derecha tradicional. Fue un impacto tan grande, que Jaime Guzmán vio por primera vez amenazado el peso del gremialismo frente al gobierno. En respuesta a esto, fundó la Unión Demócrata Independiente (UDI). Por ahora, esto pulverizó el sueño de la unidad.

Allamand no le perdonó esto a Guzmán. Esto boicoteaba su ilusión de crear un gran movimiento de Derecha que no tuviera una relación de obediencia con el régimen. Pero las firmas le permitieron crear el Movimiento Unión Nacional, donde incluso se enfrentó a su antiguo mentor.

En 1986 estuvo entre los gestores del Acuerdo Nacional y al año siguiente, viendo como Pinochet se venía como el candidato del plebiscito, se acercó a Jarpa y a Guzmán para reconstruir el gran partido de la Derecha. A los pocos meses, cuando Guzmán impugnó las elecciones internas y dio inicio a la guerrilla que culminaría con la separación, Allamand se enfrentó en todas las tribunas, e incluso con sus puñetes de rugbista, con la gente de la UDI.

Se convirtió en el enemigo número uno del gobiernismo de Derecha, por eso fue extraño que fuera uno de los primeros en forzar al oficialismo a admitir la derrota la noche del 5 de octubre. Pero su mayor legado ha sido formar parte de los fundadores de Renovación Nacional, partido formado tras convocar a partidos de Centroderecha que él mismo llamó, hasta donde llegó a ser presidente del partido. De esta manera Allamand fue la voz de la antigua Derecha que también quería recuperar su sitial perdido tras los años de dictadura militar.

Thursday, December 08, 2005

 


Patricio Aylwin y el retorno de la democracia.

Las causas de la derrota de Pinochet en el Plebiscito de 1988 pueden atribuirse a unos cuantos puntos: La erosión provocada por quince años de un gobierno rígido y autoritario por parte de una sola persona. Por ende, tampoco se presentaba otro candidato. Las carencias mostradas por Pinochet durante su mandato no eran comparables con las de nadie, con las que de seguro cualquier persona habría tenido en una elección formal. Pese a que las cifras económicas de la época eran excepcionales, la crisis del 82 seguía en la memoria colectiva, al igual que la reticencia al modelo Chicago.

Capítulo aparte marcaron las violaciones a los derechos humanos. Un 57% de los votantes del NO las adujo como causa de su desición. La franja televisiva generó todo un desafío para la oposición, que puso al día a la masa votante de la serie de abusos que ocurrían frente a sus narices. En cambio la campaña del SÍ se hizo sobre una base y estructura burocrática, a cargo de intendentes, gobernadores, alcaldes y autoridades militares. los políticos de Derecha fueron marginados.

Esa misma noche del triunfo, cruzando la Alameda, rodeado por militantes de la juventud que jugaban a los guardaespaldas, Patricio Aylwin Azócar escucha por primera vez el grito "Se siente, se siente, Aylwin Presidente".

Piensa que es la fiebre de la victoria, y le baja el perfil con un gesto seco, demasiado cortante, como si un oscuro instinto le ordenara silenciar estas ideas incómodas. El régimen acaba de reconocer su derrota y Aylwin se retira de la casa del NO hacia su oficina de presidente del Partido Demócrata Cristiano. Permanecerá allí otro par de horas saboreando la victoria.

El tema de la Presidencia no lo deja tranquilo los días que siguen. Los covencidos de que el conglomerado del NO se transforme en el grupo de Gobierno, toman como fundamental el hecho que su nombre encabece el movimiento para llegar al poder. Aylwin lo piensa. Es uno de los políticos más activos y protagónicos de la segunda mitad del siglo veinte, pero también uno de los más solitarios. Porque pese a dirigir a su rama de "guatones" no hay figuras dirigentes que verdaderamente puedan influir en sus opiniones. Para él la familia está primero. Y en esos días de octubre de 1988, consolida sus aprensiones sobre la candidatura.

Algunos amigos selectos son invitados a cenas familiares donde se debate el dilema. Desde afuera los "guatones" merodean en torno a los miembros del clan para ver por dónde se puede influir. Una extendida opinión entre ellos sindica a Juan Hamilton, quien junto a Aylwin eran los "hombres fieles" a Frei Montalva, como el encargado e la operación decisiva: convencer a Leonor Oyarzún. Quién tuvo además una destacada participacíon en poner a Aylwin como "el hombre" del retorno en democracia fue su viejo amigo Clodomiro Almeyda.

El movimiento, transformado en la Concertación de Partidos por la Democracia, elaboró un programa de Gobierno y el 23 de junio de 1989 celebró una elección interna para designar al candidato presidencial, que ganó Aylwin. El Partido Comunista (PCCh), único relevante de la oposición que no formaba parte de la CPPD, anunció que renunciaba a presentar candidato propio y que apoyaba a Aylwin. Poco después, el 30 de julio, se aprobó en referéndum, con el 85,7% de los votos, una serie de enmiendas a la Constitución de 1980 que eliminaron algunas de las cortapisas democráticas con que los militares habían pretendido enmarcar la fase de consolidación posterior a 1989, cuales eran la proscripción de los partidos marxistas, la reserva de 20 senadores designados, que pasaron a ser nueve, y el mandato presidencial de cuatro años, que fue reducido a cuatro.

En las históricas elecciones del 14 de diciembre de 1989 el veterano político democristiano tuvo como adversario del oficialismo al ex ministro de Hacienda Hernán Büchi Buc y le batió sin necesidad de segunda vuelta con un contundente 55,2% de los votos. El 11 de marzo de 1990 Aylwin recibió de Pinochet la banda que le convertía en el primer presidente democrático en 17 años y en el segundo democristiano en la historia del país. Formó un Gobierno de concentración con las agrupaciones socias en la CPPD que habían obtenido representación, esto es, los partidos por la Democracia (PPD), Socialista (PSCh), Radical (PR), Social Demócrata (PSD) y de la Alianza de Centro (PAC).

 

Hernán Buchi y el resurgimiento económico.

Ministro de Hacienda desde el ’85 al ’89, uno de los hombres clave en los procesos de privatización e ideológo de las Reformas laborales del año ’78 y de la Reforma Previsional. Intregró los directorios de diversas empresas, entre ellas la Compañía de Acero del Pacífico, IANSA, Compañía de Teléfonos, Chilquienta, ENTEL, etc. Desde el ’94 integró los directorios de Luchetti –grupo Luksic-, Falabella y Madeco, (con sueldos superiores a diez millones de pesos) y después del ’99 fue parte de Soquimish y otras, y en el 2000 asume la Presidencia de la Universidad del Desarrollo.

Bajo la conducción de Buchi, se produjo la gradual recuperación económica, tras el duro remezón de la crisis de 1982. aplicó nuevamente la política Chicago, de la que había sido colaborador, pero con mayor cuidado, debido a las lecciones aprendidas respecto del último tiempo. Su labor volvió a entusiasmar a los privados tanto nacionales como extranjeros, quienes le devolvieron su confianza al gobierno despues del breve interludio populista en lo económico y aperturista en lo político.

Se equilibraron los índices macroeconómicos, se redujo el déficit fiscal, al igual que repercutió favorablementeel descenso internacional de las tasas de interés. Se dio inicio a un proceso de diversificación de exportaciones amparadas por un tipo de cambio real; se fueron introduciendo propuestas de "capitalismo popular" a fin de bajar el perfil de la crítica por la poca transparencia que había tenido la concentración económica empresarial. Todo esto redundó en el sostenido aumento del PIB de 5,6 a un 7,3%entre 1984 y 1988. En este momento, a los críticos de oposición no les quedó otra que admitir, al principio "para callado", los logros económicos del régimen. De ahí en adelante criticaron menos al modelo, de la misma forma del costo social que implicaba. e incluso, más adelante, en el despertar de la democracia, aseguraron que el modelo andaría mucho mejor si ellos lo administraran.

Los argumentos a favor que Buchi señala sobre el model aplicado estan contenidos en su libro "La transformación económica de Chile: del estatismo a la libertad económica". Junto al auge que se produjo durante su estadía en el ministerio, llamaba fuertemente la atención su juventud (tenía 35 años cuando saltó a la arena política), su perfil de exalumno del colegio Verbo Divino aficionado al ejercicio y salir a trotar, además de su look que se mantiene hasta nuestros días. Todas estas características le aportaban nuevos aires a la actividad gubernativa, convulsionada en aquel entonces.

Estos atributos fueron los tomados en cuenta por la Derecha al momento de lanzar a Hernán Buchi como candidato para enfrentar a Patricio Aylwin tras la derrota de Pinochet en el plebiscito de 1988. Pese a manifestar "contradicciones vitales" y abandonar su candidatura en plena campaña, con el quiebre de Derecha incluído, y retomar tiempo después, de cara a las elecciones.

 


Sergio Onofre Jarpa: Las protestas y el despertar político.

Pinochet y su régimen parecían marchar sobre ruedas, pero este desarrollo a pasos agigantados se vio detenido por la crisis económica internacional de 1982. Chile se vío fuertemente afectado por ella debido al proyecto construido en base a la apertura económica hacia el exterior y del endeudamiento en dólares.

Este fenómeno causó un grave malestar social, reflejado en "protestas" y grandes paros que los opositores intentaron aprovechar. Siempre acababan en disturbios, donde los gremios y partidos opositores querían una recompensa política, mientras que el PC (entregado a la "vía armada") y los movimientos de ultraizquierda buscaban la ingobernabilidad y el fin violento de la que llamaban "tiranía". La rebelión popular y el Frente Patriótico Manuel Rodríguez apelaban a todas las modalidades de combate que incitaran la violencia. Así con las protestas se vio en intento del MIR y el PC de revivir el terror de la guerrilla urbana. Ante estos hechos, Pinochet ordenó actuar duramente, lanzando a la calle dieciocho mil soldados de Ejército.

Sin embargo, el Jefe de Estado pareció cambiar por completo el rumbo político y económico. Designó Ministro del Interior a Sergio Onofre Jarpa, viejo político nacional, líder de la Derecha durante la UP, y como Ministro de Hacienda a Luis Escobar. De inmediato inició contactos con los grupos opositores más moderados, insinuando la posibilidad de hacer cambios en la Carta de 1980 que acelerasen la transición. Para él las protestas amenazaban por primera vez seriamente la estabilidad del régimen, debido a la especulación financiera que había adoptado el régimen.

Un ex ministro de Frei y y amigo del general Pinochet, William Thayer, se ofreció de nexo para transmitir en Santiago las ideas de Jarpa, en ese momento embajador en Buenos Aires. Las conversaciones de Jarpa con Pinochet fueron prolongadas y difíciles. El Jefe de Estado, que pensaba menos en la Derecha que en el de su propio régimen, atribuía a las protestas como obra de la subversión más que del descontento, y si se le abrían las puertas a los políticos, más peligrosas se pondrían. de todas maneras Jarpa siguó insistiendo y gastando sus mejores argumentos para persuadir a Pinochet, como adelantar la vigencia de partidos políticos y congreso para clamar el tenso ambiente, al mismo tiempo que retomaba contactos con los dirigentes partidarios a los que había conocido durante la lucha contra Allende, y que ahora estaban en la oposición, como los socialdemócratas y los "guatones" de la Democracia Cristiana, donde destacaba Patricio Aylwin.

Una vez Ministro y mostrado su proyecto al Arzobispo Fresno, y sin lograr que su interlocutor fuera Patricio Aylwin, el primer diálogo político del régimen duró poco más de un mes y no tuvo más resultados que la legitimación de la Alianza Democrática como el principal conglomerado de oposición y el debilitamiento de la tesis de apertura. La exigencia de la renuncia de Pinochet malentendía la posición de Jarpa, por lo que el general no se cuidó de disimular sus ácidos comentarios hacia su gestión como ministro. Pero Jarpa se atrincheró y siguió adelante en su proyecto, pensando en la futura elección de un Congreso.

En 1984 armó una ley de partidos y un nuevo artículo transitorio de la Constitución que daría al presidente la facultad de convocar a elecciones. Pero la junta se opuso y la unidad en la Derecha, que era uno de sus propósitos, estalló en ocho grupos pequeños. Derrotado, el ministro trató entonces una política económica y social, con corrosivas luchas internas que lograron sacar del Ministerio de Hacienda a Carlos Cáceres, pero Pinochet quiso cerrar todo e imponer el estado de Sitio.

A esta altura se notaba que los movimientos del Presidente eran sólo una distracción de estilo militar. Las maniobras de Jarpa no dieron frutos, porque indirectamente pedían la salida de Pinochet y éste desautorizaba al mismo tiempo al ministro. Así, en 1985, fue sustituído por Ricardo García y Escobar por Hernan Buchi, pero dejando un sabor a despertar político, movimiento que daría su mayor manifestación en el plebiscito de 1988.

Thursday, December 01, 2005

 

Hechos concretos de la transición: la figura de Pinochet.

En el marco de un régimen militar separado de las causas que lo llevaron al golpe, de inmediato destacó la figura ascendente de Pinochet y su apetito de mando. En un principio su protagonismo era inevitable, dado el predominio histórico del Ejército en las Fuerzas Armadas y de Orden.

En este ambiente, su poder personal se hizo abrumador. Hecho fundamental fue su estadía permanente en la presidencia de la Junta, rotativa en un principio, donde los demás miembros los seguían en todo. Con el título de "Jefe Supremo de la Nación", en junio de 1974, finalmente adquirió el de "Presidente de la República", a fines del mismo año.

El General Director de Carabineros, César Mendoza, siempre lo siguió en todo. Con el Almirante Merino tuvo algunos problemas, pero finalmente cedía. Quien era la piedra en la bota de Pinochet era el General Leigh. Siempre crítico de la represión y la política económica, era partidario de acelerar el retorno democrático. Siempre el voto contrario en las elecciones de la Junta, los demás miembros lo declararon inhabilitado, siendo reemplazado por el General Fernando Matthei en 1978. A esa altura, la mano de Pinochet movía las piezas a su antojo: quien le llevara la contra a él o a doña Lucía de seguro pasaba un mal rato.

La experiencia vietnamita de los norteamericanos generó una nueva especialidad bélica: la contrainsurgencia. Más que una tecnica, esta verdadera filosofía implicaba defender, a cualquier precio y conducta, la civilización cristiano-occidental contra el comunismo ateo, su peor enemigo, dirigido desde la Unión Soviética. Este estilo, sin límites éticos, fue difundido por todos los países de América Latina y Chile no fue la excepción. Esta guerra unilateral fue iniciada en nuestro país con la creación de la DINA en 1974, dirigida por el General Manuel Contreras e integrada por oficiales y suboficiales de todas las ramas. Desde el primer momento se especulo bajo quién dependia, para algunos de la junta, mientras que para otros del Jefe de Gobierno.

La DINA barrió con el GAP, el MIR, el PS y el PC. También cumplió misiones de asesinatos al extranjero, llegando a su punto cúlmine con la muerte de Orlando Letelier en 1977. Este hecho disolvó este grupo, reeplazado por la CNI. Pero el signo de la represión marcó la integridad del régimen, formando su aspecto más negativo.

Los partidos unipopulares fueron disueltos por la Junta, los opositores de Allende declarados "en receso", convertido más tarde en disolusión. Pinochet era enemigo de los partidos, definiéndolos sólo como "apoyo para los candidatos" porque veía en ellos una limitación a su poder. finalmente la batuta política la llevaron los Gremialistas de Jaime Guzmán, de corte nacionalista, autoritario y antipartidos, quienes se ganaron el beneplácito del Presidente. La parte económica, de manera sorprendente, lo ocupó el modelo innovador de los Chicago Boys. Pese a la incompatibilidad de estos grupo, todo giraba en torno a la figura dominanate de Pinochet. aunque nada haría sospechar que su influencia sería determinante en el camino donde la democracia intentaba abrirse paso.

Wednesday, November 30, 2005

 

¿Transición de qué? Génesis abstracta de un proceso.

La palabra transición, ligada inmediatamente con pasar de un estado a otro, tiene paradójicamente su génesis dentro del concepto marxista. Desde el ascenso de Pinochet se empezó a escuchar en el discurso oficial que Chile venía "transitando", hasta recuperar los valores que lo hicieron grande, respetado y soberano.

Pinochet rechazó de un principio a quienes apuntaban a la intervención militar como un "régimen absoluto y permanente". No sería un régimen estrictamente militar e interminable, pero tampoco se trataría de algo momentáneo. De esta manera, las alternativas surgían sin tener que comprometerse con alguna en particular. Al parecer este era el rutero que ideaba la junta para retornar a la democracia.
De esta manera se creó una Comisión de estudios constitucionales, de manera que respaldara la gestión legislativa de la junta, en unión a un Consejo de Estado como miembro asesor del Ejecutivo. La derogación de la Carta Fundamental de 1925 y la posterior publicación de las Cartas Constitucionales a partir de 1976, cuya culminación legó con la nueva publicación de 1980, con un fuerte control del Ejecutivo,parecían síntomas de un régimen mixto de unión cívico-castrense.

Pero más allá de las reformas políticas de fondo, lo que más llamaba la atención en ese momento era la ascendente figuración personal que tenía Augusto Pinochet. El "pinochetismo" que florecía como un culto entre cada vez más seguidores y su persona como fuerza política autónoma de las FFAA hacían pensar que su concepción doctrinal sería distinta a la del ciudadano que esperaba un período de reajuste corto y llamar a elecciones en un futuro cercano.

Entonces, ¿Qué se podía esperar el régimen militar? en cierta ocasión, el almirante Merino señaló que "los generales Pinochet y Leigh, en sendas oportunidades han dicho que la junta no estará en el poder ni un día más ni un día menos que lo necesario", pero esto no mitigaba la impaciencia de quienes formulaban la pregunta dentro y fuera del gobierno. Así, el mando superior dio el próximo paso sin apartarse de la estrategia elegida: ofrecer una nueva cuota de expectativas nebulosas que daban la apariencia de movimiento a la opinión pública, pero, como siempre, enmarcado en un contexto vago, sin que esto implicara a la renuncia a una perspectiva de largo plazo.

Esta idea se vio materializada en el discurso de Chacarillas, expuesto por Pinochet en 1977. Acá el ya nombrado "Presidente de la República" menciona una etapa de gobierno de militares en COLABORACIÓN de civiles, para seguir en una nueva estapa con la PARTICIPACIÓN de estos últimos, sistema basado en el nacionalismo y una democracia "autoritaria y protegida" (claramente la influencia gremialista) que vele por el cumplimiento de las leyes. De allí se llegaría al último estadio de consolidación o normalidad. Acá será cuando los civiles manejen el poder directamente, reservándose a las FFAA y de Orden el deber de proteger las bases de la constitucionalidad y seguridad nacional. De esta manera, el discurso fue fundamental para trazar las bases de la institucionalidad del régimen. Pinochet insistió además que la Constitución de 1925 "había muerto" junto con el fracaso del gobierno anterior, lo que hacía necesario una nueva Carta. De esta manera, Chacarillas marcó la declaración de principios de la institucionalidad impuesta por Pinochet.

Esto hacía aumentar las dudas civiles en torno al tiempo en que la junta a cargo de Pinochet le devolviera el poder a los civiles. "No soy personalista, pese a que hay muchos que sostienen lo contrario. Estoy luchando por esto que se llama Chile", afirmó en 1978. Pero su intención de seguir al mando se ve en las siguientes palabras durante ese año: "Siempre los políticos tratan de ponerle plazos a uno, aunque sea largo, y aún asi principia la presión para acotarlo, como sucede ahora con lo que se ha llamado período de normalización. ¿Por qué han querido llamarlo período de transición señores? ¿¿Transición de qué??"

Sunday, November 20, 2005

 

Preámbulo de un giro total.

Los hechos acontecidos a fines de los 80 y a principios de los 90 tuvieron como protagonistas a personas de distintas tendencias políticas, pero con un punto en común: llevaron sus ideas hasta el final. Unos, los triunfantes, los que llevaron a cabo, tras 17 años, de desempolvar la bandera de la democracia en un país aún tímido, recién despertado de su ostracismo; por otra parte, los "perdedores": quienes vieron cortados, por sus propias condiciones, los hilos de un país que tenían bajo control. Con la misma sorpresa que sus colegas de oposición, marcharon insertos en la vida política del Chile de los años 90, un país con ánimos de seguir creciendo y reencontrándose consigo mismo.

El objetivo del blog será analizar las vidas de quienes tuvieron un rol importante en la Trancisión de nuestro país. Ganadores y perdedores, la Historia los juzgará como protagonistas de una etapa que marcó a fuego los años siguientes en Chile. A modo de introducción al tema les recomiendo visitar Icarito, para insertarse en la antesala a los grandes cambios que se produjeron tras la dictadura de Pinochet.

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